lunes, 22 de enero de 2007
Paso Tres: Claridad



Spot era un perro callejero del que me adueñé cuando estaba en la universidad. Pero solía irse vagando y destruir los jardines de los vecinos, correr por la calle y hacer que los conductores frenasen bruscamente, y ser una molestia en general. Así que le puse una pequeña correa. Pero me sentía culpable por ponerle a este gran amigo una correa de un metro. Compré una correa más grande, dos metros de libertad, y se la puse a Spot. Luego me alejé a dos metros de distancia y llamé a Spot. Él corrió hacia mí... un metro. No pasó un centímetro más de la longitud de la correa antigua. Tuve que ir hacia Spot, abrazarlo y llevarlo hacia el límite de los dos metros de la correa nueva. De ahí en adelante, usó toda la correa.



Creo que cada uno de nosotros tiene un límite que hemos fijado en nuestra libertad. Necesitamos un “profesor de milagros” para ayudarnos a ver que en realidad no tenemos límites. Douglas hace esto con sus clientes. Pero lo hace de una manera que quizás a usted le parezca extraña. Abróchense sus cinturones y veamos si puedo explicárselo.



La primera vez que tuve una sesión con Douglas no sabía a qué atenerme. Creía que el hombre era un poco raro, pues no podía articular lo que hacía. Pero he sido un reportero curioso por muchos años, así que me aventuré a tener una sesión con él.



“¿Cuál es tu intención para esta sesión?” preguntó Douglas.

“¿A qué te refieres?”

“Puedes tener cualquier cosa que desees. ¿En qué te quieres enfocar?”



Reflexioné un momento y luego hablé.



“Quiero claridad acerca del libro que estoy escribiendo acerca de Bruce Barton.”

“¿Qué clase de claridad?”

“Quiero saber lo que debo hacer ahora,” dije.

“Bien. Vamos.”



Douglas me pidió que me recostara sobre su mesa de masajes. Me guió con suavidad a que inhalara diferentes colores.



“Inhala el color rojo por la coronilla e imagina que pasa por tu cuerpo y sale por tus pies.”

Hicimos esto con varios colores.

“¿Qué otro color necesitas inhalar?” preguntó.



Yo dije gris. Luego me pidió que inhalara ese color. Después de varios minutos de respirar profundamente y relajarme sobre su mesa de masajes, Douglas posó su mano sobre mi corazón y dijo, “Abre esto.”



Aunque conscientemente no hice nada. Sentí que una carga de electricidad y energía pasaba a través de mí, casi cegándome. Había una incandescente luz blanca que llenaba mi cuerpo, retumbando en mi cabeza, de alguna manera iluminando el interior de mi cráneo.



De repente sentí la presencia de ángeles, espíritus, guías. No sé cómo explicarlo. Pero fue real. Yo lo sentí. Yo lo noté. Yo sabía que estaban allí. Y estos seres de alguna manera obraron en mí, alterando mis creencias, ayudándome a darme cuenta que tenía más “correa” de la que yo pensaba.



No estoy seguro cuánto tiempo estuve en ese estado alterno. ¿Veinte minutos? ¿Una hora? No sé. Cuando por fin me reincorporé en la mesa, vi que a Douglas le rodaba una lágrima por su mejilla. Cuando la energía comenzó a llenarme, él se hizo a un lado para que ésta hiciera su obra. Pero el milagro y la hermosura de lo que presenciaba lo tocó. Estaba llorando.



Cuando se aclaró mi mente y me orienté, me di cuenta que sabía cuál era el próximo paso para escribir mi libro. Debía ir a Wisconsin y continuar mi investigación mediante los documentos personales de Bruce Barton en el museo de historia. Había logrado mi intención.



Y eso no es todo.



Poco después de mi primera sesión con Douglas comencé a notar otros cambios en mi vida externa. El libro que estaba escribiendo tomó una nueva dirección. Encontré un editor para el libro. Encontré el dinero para terminar mi investigación. Compré un coche nuevo. Compré casa nueva. Mis ingresos aumentaron vertiginosamente.



¿Cómo? ¿Por qué?



Había invitado al otro lado a ayudarme, y así fue.



En este mismo momento que escribo estas palabras, estoy muy consciente de que usted puede pensar que me he vuelto loco. Después de todo, heme aquí, un adulto, un escritor, un especialista en promociones y orador bastante conocido que aconseja a ejecutivos acerca de sus negocios, hablando de “espíritus”.



Pero también sé que usted sabe a lo que me refiero. Aun la persona más atea ha sido tocada por algo milagroso, extraño o inexplicable. Aunque nadie sabe qué nos depara el otro lado de esta vida, nuestra tendencia es creer que hay algo inteligente allí.



Tal vez valga la pena mencionar que el libro que me ayudó más que ningún otro fue ¿Qué puede creer un hombre? [What Can A Man Believe?] por Bruce Barton. Allí explica que hay muy poca evidencia acerca de la existencia del cielo después de la tierra, pero que era más sabio creer que no creer.



En otras palabras, aunque no puedo demostrar que hay ángeles y guías listos para ayudarnos, ¿acaso no es una idea más deliciosa, confortante y mágica creer en ellos, que no creer en ellos? No hay pruebas contundentes para apoyar ni para negar su existencia. Pero si puede usar la creencia en ellos para crear milagros, ¿no sería más sabio hacerlo?



Ayer me llamó una amiga mía y dijo que quería creer en guías y ángeles y maestros del ámbito espiritual de la vida, pero una parte de su ser dudaba su existencia.



“Está bien,” le dije. “Yo también tengo mis dudas.”

“¿De verdad?”



“Por supuesto,” dije. “Si tuviese que presentarme en un tribunal y demostrar que tengo guías espirituales, todos los presentes se mofarían de mí. No hay pruebas que los apoyen, pero tampoco hay pruebas en su contra.”



Y luego recordé algo que había leído en una edición reciente del Selecciones del Reader’s Digest, donde Larry Dossey hablaba acerca de la oración. Él dijo que la oración ayudaba a la gente a recuperarse de la enfermedad. En muchas ocasiones, se habían recuperado de lo que los doctores habían dicho que eran enfermedades “incurables”. Lo que habían hecho estos pacientes triunfadores era orar. Aun los pacientes admitieron que no sabían si sus oraciones fueron contestadas, pero fue la creencia en la oración y el acto de la oración lo que les ayudó. Repito, como señaló Barton, es más sabio creer que no creer. Creer ayuda a crear milagros.



Barton escribió este pasaje en 1927, en su libro ¿Qué puede creer un hombre? Siempre me ha encantado pues parece remover en mí ese mismo algo que menciona. A ver qué hace dentro de usted:



“En cada ser humano, sea emperador o vaquero, príncipe o pordiosero, filósofo o esclavo, hay un algo misterioso que él no entiende ni controla. Puede permanecer latente por tanto tiempo que es casi olvidado; puede estar tan reprimido que el hombre piensa que está muerto. Pero una noche está solo en el desierto bajo un cielo estrellado; un día está con la cabeza en reverencia y con ojos húmedos junto a un sepulcro abierto; o llega el momento en que se afianza con un instinto de desesperación al mojado riel de un barco sacudido por la tormenta, y de repente, desde las profundidades olvidadas de su ser salta al acecho este algo misterioso. Abruma el hábito; hace a un lado la razón, y con una voz que se rehúsa a ser acallada grita sus dudas y su oración.”



Así que supongamos que no tiene acceso a Douglas (aunque puede localizarlo, o a mí, o a otros curanderos y mentores por correo-e al final de este libro). ¿Qué puede hacer?



Es sencillo. Enfóquese en lo que quiere, y que una de sus intenciones sea encontrar a alguien que le ayude a librarse de las creencias antiguas para que pueda crear la vida que desea. Hay ayuda. Exprese su intención al mundo y permítale venir en pos de usted.



Siento que es importante tener el apoyo de un mentor. Es muy fácil regresar a las viejas maneras de pensar, sentir lástima de nosotros mismos y hacernos las víctimas. La gran mayoría de sus amigos actuales probablemente no apoyarán su deseo de crear milagros. Cuando acudía a Douglas al principio, solía visitarlo una vez al mes. De inmediato nos dimos cuenta que debíamos mantenernos en contacto cuando menos una vez por semana. Hasta hicimos un pacto que decía: “Cuando no tenga claridad, te llamaré.” Luego, cuando dejaba que alguna situación en mi vida cayera en picada, le llamaba.



Otra señora hace poco me preguntó qué significaba “tener claridad” con nuestras creencias. Consideré un momento antes de poder responder. La imagen que vino a mi mente fue la de un equipo de fútbol. Si uno de esos jugadores está lesionado, o molesto, se siente rechazado o enojado porque el entrenador lo ignoró hace un rato o su novia lo dejó, ese jugador puede poner en peligro o sabotear por sí solo el éxito de todo el equipo.



Usted es como ese equipo de fútbol. Si todos sus componentes, todas las creencias dentro de su ser, están alineadas, no hay ningún problema. Usted logrará sus deseos. Pero si hay una parte de su ser, cualquier creencia que no apoya su intención, pondrá en peligro y saboteará su éxito. Por eso tal vez usted pudo haber tenido mala suerte con el amor, romance, dinero o salud. Hay una parte de su ser que no lo quiere. Debemos sanar esa parte. Una vez que lo haga, tendrá claridad.



¿Cómo sabe si tiene claridad en este momento?

Piense en algo que quiera tener, hacer o ser.

¿Por qué no lo tiene todavía?



Si su respuesta es algo negativo, usted no tiene claridad. Si dice algo que no sea con sinceridad: “Sé que viene en camino a mí”, probablemente no tenga claridad interna de lo que desea.



Otra pregunta que debe hacerse es, “¿Qué significa que todavía no tiene lo que desea?”



Su respuesta a esa pregunta revelará sus creencias. Por ejemplo, si dice: “Primero tengo que hacer esto o aquello”, usted tiene una creencia de que tiene que hacer algo antes de poder tener lo que desea.



Si dice: “Mi alma no quiere que yo tenga esto,” entonces está declarando sus propias creencias de lo que piensa que su alma quiere para usted.



Si dice: “No sé cómo conseguir lo que quiero,” entonces está revelando una creencia que dice que tiene que saber cómo conseguir lo que quiere antes de que pueda obtenerlo.



Sus creencias no son difíciles de encontrar.



La escritora de autoayuda Mandy Evans dice que ciertas creencias pueden hacer que tenga un día terrible. Las creencias causan estrés, no las situaciones de su negocio o de su vida.



“Una cosa es lo que te pasa en la vida y otra lo que tú decidiste que significaba,” dice Evans, escritora de Viajando libremente: Cómo recuperarse del pasado cambiando sus creencias [Travelling Free: How to Recover from the Past by Changing Your Beliefs].



“Cambia tus conclusiones, o tus creencias, acerca de los sucesos de tu pasado,” explica Evans, “y puedes cambiar la manera en que vives tu vida hoy. Ciertas creencias de verdad pueden activarnos.”



Las creencias forman nuestra manera de sentir, de pensar y de actuar, dice Evans, experta en sistemas de creencia personales. Evans presenta una lista de “Las 20 creencias contraproducentes principales” en Viajando libremente, su segundo libro, para que comencemos a explorarlas.



“A medida que observas cada creencia, pregúntate si la crees,” sugiere Evans. “Si la crees, pregúntate por qué la crees. Explora con calma tus propias razones para aceptar esta creencia contraproducente.”



He aquí diez de sus 20 creencias contraproducentes principales:



1. No merezco ser amado.

2. No importa lo que haga, debería estar haciendo otra cosa.

3. Si todavía no ha ocurrido, nunca ocurrirá.

4. Si supieras cómo soy en realidad, no me querrías.

5. No sé lo que quiero.

6. Hago enojar a la gente.

7. El sexo es algo sucio y repugnante; hazlo sólo con la persona que amas.

8. Mejor deja de desear; si te emocionas, saldrás lastimado.

9. Si fracaso, debo sentirme muy mal por mucho tiempo y estar muy asustado como para intentarlo de nuevo.

10. Ya debería haber logrado esto.



Todas estas son sólo creencias. A menudo necesitamos que alguien más nos señale nuestras creencias. Cuando mi amiga Linda y yo estábamos desayunando un día, y la contraté para que me ayudara con una promoción, ella dijo, “Tengo miedo de que algunos de mis amigos tengan envidia de mí.”



“Esa es una creencia,” le dije.

“¿Lo es?” preguntó.



Nunca se había dado cuenta que su temor era una creencia--una creencia que podía abandonar. Ella necesitaba que alguien más iluminara esa creencia.



He aquí otro ejemplo de lo que digo:



Ahora estoy conduciendo el cuarto coche de mis sueños gracias a la magia de Douglas para ayudarme a aclarar mis deseos.



Necesitaba un coche desesperadamente. El que estaba conduciendo era una carcacha vieja que sólo se movía a empujones. Bueno, no era para tanto. Pero siempre que el coche se averiaba, yo me averiaba. Pagar las cuentas de reparación me estaba matando. Y el no saber si el coche me llevaría hasta donde quería ir me estaba causando estrés. Necesitaba ayuda. Llamé a Douglas debido a mi temor de vendedores de coches (yo había sido uno y conocía sus tácticas). Le dije a Douglas lo que quería.



Él dijo, “A menudo lo que de verdad quieres está debajo de lo que dices que quieres... ¿Qué significaría para ti tener este coche nuevo?”



¿Eh?



Douglas prosiguió a explicar que lo que queremos puede más bien ser un sentimiento, no un producto. Enfócate en el sentimiento y te ayudará a obtener lo que realmente quieres. ¿Cómo me sentiría si tuviera un coche nuevo?



¡Qué cubo de agua helada para la mente! Se me produjo un dolor de cabeza tremendo nada mas pensarlo. Colgué el teléfono y mi cabeza comenzó a punzar como si me hubieran dado con un mazo. Aunque casi nunca tomo medicamentos, me tomé un montón de aspirinas como si fueran palomitas de maíz. No surtieron efecto.



Fui a ver a Douglas en persona. Al estar sentado en la presencia de su aceptante energía, y dejar que mi dolor “me hablara”, de repente vi el dolor entre mis ojos como una gigante bola negra de hilo enrollado tensamente. Aflojaba mentalmente un hilo y escuchaba una creencia:



“Tú no puedes comprar un coche nuevo.”

Dejaba esa, y salía otra creencia a la superficie:

“¿Qué diría tu papá acerca de este coche?”

Luego se escapaba otra creencia:

“¿Cómo lo vas a pagar?”

Y otra... y otra... y otra...



A medida que estas creencias surgían lentamente y se iban, la bola negra de dolor iba disminuyendo de tamaño. Se hacía pequeña. Y pequeña. ¡En menos de veinte minutos, el dolor de cabeza había desaparecido completamente! Yo fui sanado. Tenía claridad. Estaba feliz.



Ahora, escuche lo que pasó después:



Aunque yo no creía que fuese posible realmente, seguí mi intuición y de inmediato fui al concesionario de coches que me sentí guiado a visitar. Conscientemente, yo “sabía” que no habría manera de que pudiera conseguir un coche nuevo. (Nunca en mi vida había tenido un coche NUEVO, y mi crédito andaba por los suelos). Pero me deje llevar. Confié.



Fui al concesionario y el caballero que estaba allí me dejo mirar un poco. Le dije lo que quería y me dijo que tenía un coche que concordaba con lo que le dije. Fuimos a la parte trasera y él estaba en lo cierto. Era perfecto. Era dorado y hermoso y nuevo. Yo dije, “¿Tiene radio-cassette?” Él miró y asintió. “Bien,” dije, “ahora viene lo difícil. Vamos a ver si lo puedo comprar.”



Llenamos documentos y me pidió que dejara un depósito. No lo hice. No tenía la confianza suficiente para pensar que iba a conseguir el auto, así que no dejé nada de fianza. Luego me fui. Conduje a las afueras de la ciudad a la casa de un amigo y tocamos música todo el día, él rascando su guitarra y yo dándole a la armónica. Ya entrada la tarde decidí llamar al concesionario.



“Usted está aprobado,” dijo el vendedor.

Yo estaba atónito.

“¿De verdad? ¿Está usted seguro que tiene los documentos correctos?” pregunté. “Soy Joe Vitale.”



Él se rió y me aseguró que así era. Luego me preguntó cuando quería recoger el auto. Fui y recogí el auto, con un dulce desconcierto de que era mío. Aunque no tenía la más mínima idea de cómo iba a realizar los pagos, lo hice. Ya han pasado cuatro años y estoy en mi cuarto coche nuevo. Nunca me he atrasado en un solo pago. De hecho, envío mi cheque con anticipación.



Y eso no es todo.



Tan pronto como decidí comprar un coche nuevo, mi vida subió en un torbellino de coincidencias mágicas.



De repente el dinero que necesitaba apareció. Los clientes comenzaron a llamar. Las clases se llenaban. Grupos de personas de los que nunca había escuchado me invitaban a hablar. Y dos casas editoriales me dieron ofertas para libros el mismo día.



De alguna manera muy real, permitir al coche en mi vida envió un mensaje al universo que yo CONFIABA. En vez de preocuparme y preguntarme cómo iba a pagar las mensualidades, me tiré de la cima de la montaña de mis preocupaciones y—o sorpresa—no me caí.



Volé.



Pero tenía que tener claridad interna antes de que nada de esto sucediera. Si hubiera ido a comprar un coche nuevo cuando todavía tenía esas creencias contraproducentes sobre lo que podía pagar, mis creencias habrían saboteado mi compra. Hubiera hecho realidad que no podía pagar por el coche para apoyar mis creencias. Lo primero que tenía que suceder era aclarar las creencias.



Lynda Madden Dahl, en su libro Más allá de la racha ganadora [Beyond the Winning Streak], menciona varias creencias contraproducentes acerca del dinero. He aquí algunas de éstas:



* “Debo trabajar mucho para ganar dinero.”

* “Necesito más dinero del que puedo generar.”

* “Me siento impotente para cambiar mis finanzas.”



Lo que debe hacer es cambiar las creencias negativas con creencias positivas, por ejemplo:



* “El dinero es una manifestación natural del universo.”

* “No tiene nada de malo ser rico.”

* “No tengo que esforzarme demasiado por el dinero.”

* “Mi destino son grandes riquezas.”



Vé usted, las creencias que tienen le fueron dadas cuando era un niño. Simplemente las absorbió. Ahora está siendo despertado. Usted tiene la opción. Puede decidir dejar las creencias que no quiere, y puede elegir reemplazar esas creencias con las que le sirven mejor.



¿No es este un sentimiento maravilloso—saber que ahora puede crear su vida de la manera que la desea?



Aclarar las creencias puede ser un proceso fácil. Lo más fácil que hice fue cuando quería vencer mis alergias de la nariz.



Solía sufrir infecciones de la nariz terribles y dolores de cabeza asociados por años. No puedo ni empezar a contar cuán miserable me hacían sentir. Tomé hierbas. Recibí tratamientos de acupuntura. Usaba purificadores de aire. Todo me ayudaba, pero nada me curaba permanentemente.



Luego un buen día le pedí a mi amiga Kathy DeMont, Curandera Remota, que me tratara de ayudar. Estábamos cenando y la miré fijamente a los ojos, golpeé la mesa con el puño y dije, “No quiero alivio. Quiero ser curado. Quiero deshacerme de esto.”



Mi intensidad la asombró. Pero también se dio cuenta de mi sinceridad y el dolor que estaba sufriendo. Ella dijo que trataría de ayudarme.



Y así lo hizo. Ella fue a su casa, se tranquilizó y usó sus habilidades para aclarar mi cuerpo. Yo no estaba presente cuando ella hizo esto. Ni siquiera estaba consciente de que ella había hecho algo. Pero al paso de los días advertí que podía respirar otra vez. Le llamé y le pregunté qué había hecho.



“Tenías energía negativa en ti y la espanté,” dijo ella.



Al parecer, había usado sus poderes de curación remota para aclarar mis creencias y mi energía a distancia.



¡A esto le llamo facilitarme las cosas!



He aquí otro ejemplo de aclaración de creencias. Este todavía me asombra, porque le pasó a mi esposa y yo vi el cambio radical Marian nunca aprendió a conducir un auto. Yo fui su chofer por más de 15 años. No es que me queje. Simple y sencillamente así era.



Pero después de presenciar los cambios en mi trabajo con Douglas y otros curanderos, Marian se preguntaba si ella podía aclararse sobre conducir. Hizo una cita con Douglas. En menos de una hora, fue aclarada.



¿Qué pasó? Marian recordó que cuando era niña solía estar en el asiento trasero del coche de su mamá cuando ésta aprendía a conducir. Por supuesto, su mamá estaba nerviosa. Marian recogió esa energía y se afianzó a ella. Aunque Marian creció, la niñita que estaba en el asiento trasero del coche de su mamá seguía presente dentro de ella. Ya de adulta, esa niñita le prohibía a Marian conducir.



Bajo la dirección de Douglas, Marian pudo recordar esa experiencia y dejarla ir. Ella se dio cuenta que era una memoria antigua y ya no le servía. Ella la dejó ir. Ahora su energía estaba clara.



Y hoy en día Marian maneja su propio auto—nuevo, para rematar—y le encanta. Recuerdo que una noche había una terrible tormenta en Houston con muchas inundaciones. Me preocupaba mi esposa y cómo lidiaría con el tiempo. Cuando llegó a casa tarde esa noche, corrí a la cochera para recibirla.



Lo que vi me asombró. Marian tenía una sonrisa de oreja a oreja. Su rostro brillaba. Ella bajó el cristal y dijo, “¡Fue toda una aventura!”



Aun estar en un embotellamiento es algo que Marian ahora agradece. Ella sólo se calma y escucha música.



Y un día nos encontramos para almorzar en coches por separado. Luego, yo estaba detrás de ella en un semáforo. Vi que movía los labios y tamborileaba con los dedos el volante. Me preguntaba si se estaba impacientando. Asique me acerqué más y me di cuenta que ¡estaba cantando y tamborileando al ritmo de la música!



¡Una verdadera transformación!



Al estar escribiendo este libro, Marian estuvo involucrada en un grave accidente automovilístico. Una furgoneta le chocó, y le pegó tan fuerte que rompió el eje trasero de su coche. A pesar del susto, Marian estaba bien, aunque no puedo decir lo mismo de su auto.



Pero aquí viene lo bueno: dos días después Marian estaba lista para comprar un coche y seguir conduciendo otra vez. No podía creerlo. Le dije que estaba orgulloso de ella, que mucha gente está muy asustada de conducir tan pronto después de un accidente…



Marian nada más verme, sonrió y dijo, “¿Por qué? ¡Conducir es muy divertido!”



Douglas tiene un dicho, “Todo es energía.” Lo que quiere decir es que todos somos sistemas de energía. Si tenemos claridad, la energía se mueve en una dirección. Si no tenemos claridad, la energía se mueve en varias direcciones, y sin poder pleno.



Caroline Myss, médico intuitiva y autora de Anatomía del espíritu [Anatomy of the Spirit], habla de estar “enchufado” al pasado. Si hubo una situación en su vida donde fue lastimado, abusado o tenía algo sin terminar, probablemente todavía está arrastrando ese asunto sin terminar. Todavía está enchufado a ese viejo evento. Esto significa que parte de su energía permanece allí, viviendo y quizás recreando de nuevo ese viejo evento.



Sé que esto es difícil de entender. Así que usemos otro ejemplo de Myss. Imagínese la energía que recibe cada día como dinero en efectivo. Usted despierta cada mañana con $500 disponibles para usarlos ese día. Pero todavía está enojado porque su cónyuge le dijo algo malo anoche. Eso le va a costar. Está gastando $50 para mantener esa energía viva en su ser.



Y supongamos que sigue enojado porque un amigo le debe dinero desde hace cinco años. Ahora está gastando $100 para conservar vivo ese recuerdo.



Supongamos que fue abusado de niño. Está gastando otros $100 para conservar esa memoria dentro de sí. Despertó con $500 para gastar, pero antes de salir de la cama se ha gastado la mitad en viejos recuerdos.



Cuando intente manifestar algo hoy, no tendrá toda su energía disponible para realizarlo. Cuando reciba claridad sobre viejos eventos, heridas y creencias, tendrá más energía para crear lo que desea hoy. Y cuanta más energía tenga ahora, más recibirá.



Va a estar como la supermodelo que dijo un día, “No me levanto por menos de $10,000 al día.”



Otro dicho de Douglas es, “La energía que proyectas son los resultados que obtienes.”



Sí, él es buenísimo para crear oraciones espectaculares como esa. Pero creo que quiere decir que las creencias que usted tiene crean los resultados que obtiene. Si está enviando subconscientemente vibraciones que atraen condiciones pésimas, va a experimentar condiciones pésimas.



Uno de mis clientes escribió un libro sobre niños que habían sido abusados. Él señaló que el criminal podía seleccionar fácilmente a la persona que iba a agredir. Aquel niño siempre enviaba vibraciones que decían “pobre de mí” o “soy una víctima”. Aunque no llevamos letreros en la espalda o en la frente, de alguna manera la energía que portamos crea las situaciones que tenemos. “La energía que proyectas son los resultados que obtienes.”



Si se da cuenta que está creando eventos parecidos—como mi amigo que ha estado casado siete veces hasta ahora—sabrá que está encerrado en un patrón que continuará creando esos eventos hasta que sea disuelto.



Mi buena amiga Karol Truman, autora del gran libro Los sentimientos que se entierran con vida nunca mueren [Feelings Buried Alive Never Die], lo dijo así:



“La supresión contínua de sentimientos y emociones sin resolver es lo que causa los problemas que experimentamos en nuestras vidas.”



Ya oigo lo que dice, “¿Cómo puedo salir de este patrón?”



Uno de los principios fundamentales de la obra de Douglas Norment es que todo es energía. No es un concepto nuevo. Stuart Wilde lo menciona en sus libros. Joseph Murphy lo menciona en sus obras. Bob Proctor habla de esto en sus seminarios. Los científicos también lo están descubriendo. No hay nada mas que energía formada en cosas que luego nombramos, como mesas, sillas, casas, coches, gente.



Lo que pasa es que usted y yo somos diferentes a mesas, sillas, casa y coches porque somos espirituales. ¡Ese es el milagro de nuestras vidas!



Como me dijo Bob Proctor una vez, “Aunque todo es energía, la diferencia entre gente y objetos es que somos espirituales. Eso significa que tenemos los medios para alterar e influenciar otras energías. Podemos cambiar la energía de una mesa, silla, casa, coche o hasta otra gente.”



Y si llevamos esto más allá, significa que todos estamos conectados. Si es que no somos mas que energía y todos somos uno, entonces lo que usted hace me afecta a mí, y lo que yo hago le afecta a usted, aunque estemos a kilómetros o hasta continentes de distancia.



¿Entiende?

Ah.

Bueno, yo tampoco, al principio.

Así que veamos un par de relatos que pueden ayudar.



Un día un cliente me contrató para que fuera su genio de promoción. Me dio un montón de dinero y contraté personas para que me ayudaran. Todo iba bien. Los meses pasaron. Luego un día cayó la bomba.



Mi cliente de repente me mandó una carta diciendo que le había mentido. Eran dos páginas de puro dolor para leer. Era bastante confusa y me hizo sentirme mareado, confundido y pasmado. Me reuní con mi equipo y hasta llamé a mi cliente. No sabía por qué estaba pasando esto. Le envié al cliente una carta de dos páginas explicando mi posición. Al día siguiente recibí otra carta de dos páginas, casi igual de escandalosa. Por fin fui a ver a Douglas. “La palabra clave es confianza,” señaló Douglas.



“Dices una y otra vez que no confió en ti. Veamos como se relaciona esto contigo. ¿En qué área de tu vida no confías?”



Douglas siempre hace eso. Él te hace ver tu propia vida para ver qué tiene que ver con tu queja. De alguna manera, usamos nuestras experiencias como espejos. Usamos lo externo para ver lo que estamos haciendo por dentro. (No se me pierda).



Lo pensé y dije, “Bueno, nunca he hecho una promoción como esta antes. Me ha contratado para dirigir toda su campaña de mercadotecnia y espera que lleve a su personal a la victoria. Creo que no confío en que pueda lograrlo.”



“Y eso es lo que tu cliente está percibiendo a nivel de energía. Esa es la señal que estás emitiendo.”

“¿Qué hacemos?”

“¿Estás dispuesto a soltar el miedo y sentir confianza?”

“Sí.”



Y eso es lo único que fue necesario. Sentí un cambio dentro de mí y sabía que podía confiar en mí mismo para realizar el trabajo. Me dejé llevar y respiré hondo de alivio. Sentí que pasó tan fácilmente porque ya estaba casi aclarado sobre el problema. No tuve que trabajar mucho para aclarar las creencias viejas.



Ahora, aquí viene lo bueno.



Fui a casa y llamé a mi cliente. Él contestó y parecía tener una paz sorprendente. Le dije que iba a hacer un gran trabajo para él.



“Lo sé,” me dijo, asombrándome. “Hace un momento decidí confiar en el hombre que había contratado para el trabajo.”

“¿Decidió hace un momento? ¿Cuándo?”



Sí, había decidido confiar en mí más o menos en el momento en que Douglas y yo tratamos el asunto de la confianza en mí. Una vez que yo tenía claridad, mi cliente lo sintió. Una vez que emití una señal diferente, mi cliente la percibió.



¿Coincidencia? Pues déjeme contarle otro relato...



Otro cliente mío se hizo de fama y fortuna. Él es un corredor de Bolsa de 25 años que escribió un libro sobre la riqueza. Yo sabía que sería un éxito antes que él. Actué como su agente literario y consultor de promoción y me puse a buscar una casa editorial para su libro. Pero resultó que me abandonó y se fue con un agente en Dallas, excluyéndome de las ganancias de $45,000 que hubiera recibido de su anticipo de $300,000. Pero él es un muchacho honorable y dijo que me daría algo de dinero cuando recibiera su anticipo.



Pasaron los días.

Pasaron las semanas.

Pasaron los meses.

Nada.



Le escribí unas líneas amables. Le envié copias de mis artículos para compartir mi propio éxito. Le llamé unas veces y le dejé recados.



Aún así, nada.



Le pregunté a Douglas. Él sugirió que escribiera una carta al cliente y que explique mis sentimientos, exprese lo que quiero y le perdone. Fui a casa e hice eso. Me sentí bien.



Pero todavía, nada.



Fui a Douglas y le dije que hice lo que me dijo pero que no había recibido contestación.



“¿Qué significa eso?” preguntó.

“Significa que no se ha comunicado conmigo.”

“¿Y?”

“Y significa que puede que me vaya a timar.”

“Ahí está,” anunció Douglas.

“¿Ahí está qué?” pregunté.



“Es el miedo de ser timado lo que está bloqueando tu energía. Esa es la creencia que te está estorbando.”



“¿Cómo me deshago de ella?”

“Siente el sentimiento de ser timado.”

Cerré mis ojos y así lo hice.



“Deja que te remonte a las otras veces en que has estado en experiencias donde formaste creencias sobre el dinero y la gente.”



Recordé cuando una compañía de Dallas me estafó un dinero que casi me maté para conseguir. Me sentí burlado. Llevé un rencor contra esta compañía durante casi ocho años. Inhalé hacia ese sentimiento y sentí un cambio dentro. Abrí mis ojos y sonreí.



“El dinero que te debe no tiene que venir de él,” explicó Douglas. “El universo es próspero y puede darte dinero en una gran cantidad de maneras. Deja la necesidad de que él te tenga que pagar y permítele al dinero venir a ti.”



Aceptar ese concepto es algo grande. Significa que debe abandonar totalmente todo rencor contra la gente. Significa confiar que conseguirá lo que quiere, siempre y cuando no tenga que ser de una manera en particular.



Sentí cuando lo dejé. Me sentí más liviano y más claro.



Y cuando llegué a casa había un recado telefónico—¡de mi cliente!



Después de seis meses de no saber nada, ¡de repente una llamada! Sonaba muy amable, muy amistoso, y dijo que me enviaría un cheque de cuatro cifras. Así lo hizo, y lo recibí al día siguiente. Siento que sólo un necio puede llamar esa experiencia una coincidencia. La conexión era demasiado obvia, y me sucede demasiado a menudo, para decir que fue mera casualidad.



Como dice Douglas, todo es energía y todos estamos conectados. Limpie la senda de energía y puede tener, hacer o ser cualquier cosa que desee.



Si siente que ha limpiado sus circuitos de energía y está libre del pasado pero no está recibiendo dinero o milagros ni nada, significa que no ha limpiado sus circuitos de energía ni ha librado el pasado.



Esto me sucedió hace algunos años. Después de tener unas sesiones con Douglas por teléfono, me di cuenta que mis ingresos no aumentaban. Estaba pagando mis cuentas y el dinero llegaba justo a tiempo para pagarlos, pero estaba peligrosamente cerca. Comencé a preocuparme. No era una buena señal. Mi preocupación era prueba de que debía aclarar asuntos inconclusos. Deseaba comunicarme con Douglas, pero no estaba disponible.



Luego un día Bill Ferguson se ofreció a darme una de sus sesiones. Bill es un exabogado de divorcios que ha creado una manera de ayudar a la gente a soltar el problema principal que sabotea sus vidas. Él ha estado en Oprah, y ha escrito varios libros, incluyendo Sana el dolor que maneja tu vida [Heal the Hurt that Runs Your Life]. Estaba ayudando a Bill con su publicidad y quería que yo experimentara lo que hace. Cuando dijo que podía tener una sesión con él, acepté. En particular porque era gratis. Ahora que la he tenido, hubiera pagado lo que sea por ella.



“La gente tiene sed de saber cómo encontrar la paz,” me dijo Bill cuando fui a su oficina en Houston. “Pero siguen buscando fuera de sí mismos y culpando a los demás o a las circunstancias por sus sentimientos. Así no funciona la vida.”



Me pidió que pensara en un evento reciente que había tocado mi fibra sensible. Eso era fácil. Acababa de tratar con un cliente mío quien no estaba de acuerdo con mis ideas sobre cómo promover su negocio. Me sentí insultado y enojado.



“Mira que tu sentir no tenía nada que ver con la otra persona. Lo único que hizo la persona fue reactivar tu dolor, tocando tu fibra sensible indicada. Una vez que desconectas el dolor, tu fibra para dolor emocional se desvanece.



“Todos tenemos un dolor del pasado que maneja nuestra vida,” agregó Bill. “Para uno, el dolor es el fracaso. Para otro, es el dolor de sentirse despreciable, inútil, indigno de ser amado, o alguna otra razón para no sentirse bien con uno mismo.”



Él agregó que evitar estos sentimientos crea un dolor emocional.



“Hasta que una persona no libera el asunto principal, continuará operando,” me dijo Bill. “Puedes tener noventa años y seguir recreando experiencias dolorosas debido a una creencia principal que aceptaste cuando tenías seis.”



Aunque muchas psicoterapias creen que la gente tiene asuntos inconclusos del pasado, pocas dicen poder sanarlas rápidamente. Bill creó una nueva tecnología que le ayuda a la gente a liberar su dolor emocional—en menos de dos horas. Se puede decir que creó una manera de “sanar fibras”.



“Escoge otro evento que te molestó,” me dijo Bill.



Lo hice. Otra vez, fue fácil. Aunque no me había dado cuenta antes, comencé a ver un patrón. Casi siempre que me enojaba con alguien, era porque me sentía insultado.



“¿Qué significa que te sentías insultado?” sondeó Bill.



Después de un momento, me di cuenta de que significaba que no me sentía a la par. No debo estar a la par, según mi lógica, porque a esta gente no le gusta lo que estoy haciendo y acabo sintiéndome insultado.



Ahora Bill comenzó a echármelo en cara.“¿Cómo se siente no estar a la par?” preguntó.



Me estaba deprimiendo. Miré a Bill a su cara juvenil, preguntándome si de verdad quería hacerme sentir así de mal. Así era.



“Hasta que no puedas sentir plenamente el dolor que ha estado enterrado vivo dentro de ti, continuará operando y saboteando tu vida.”



¡Uf! Para entonces estaba sintiendo que no valía la pena vivir.



“Si de verdad estás sintiendo el asunto principal para ti, debes sentir como que no vale la pena vivir.”



“Ya estoy allí, Bill. Ya estoy allí,” dije lentamente.

“¡Bien!” dijo Bill. “¿Cómo se siente no estar a la par?”

“Es el peor sentimiento que he tenido.”

“¿Puedes aceptar que realmente no estás a la par?”



Batallé con esto. Aunque podía ver mi vida y hallar pruebas de que sí estaba a la par, tuve que admitir que no estaba a la par en todas las áreas. Y además tuve que admitir que esta creencia de que “no estaba a la par” estaba causando subconscientemente que me enojara con mis clientes y amigos. Había estado desperdiciando muchas oportunidades. Y hasta dinero.



“Sí. Puedo admitirlo.”



En ese mismo momento algo cambió. Me sentí más liviano. Más relajado. Libre. Donde antes me sentía tenso y enojado, ahora me sentía relajado y calmado. Hasta feliz. Era como si hubieran desconectado un cable eléctrico gigante y de repente veía la vida diferente.



Bill y yo trabajamos en otras cosas antes de partir. Pero después de la sesión, advertí cambios enormes. Parecía que nada me irritaba como solía hacerlo. El día siguiente un cliente discutía sobre un anuncio que le hice y esta vez no perdí los estribos. Expliqué mis razones con calma. Y advertí que veía cada momento con amor y optimismo. Y vi que no tenía miedo de hacer cosas que antes no hacía, como tocar la guitarra enfrente de mis amigos. Antes no me sentía a la par. Y también advertí que el dinero comenzó a llegar. Una mañana días después de mi labor con Bill, una señora me envió un fax diciéndome que me enviaría un cheque de varios miles de dólares para comenzar a promover su negocio.



¿Qué sucedió? Ahora que la creencia principal estaba desconectada, había abierto centros de energía en mí para permitirle a la abundancia del universo venir a mí.



Y vaya que si vino a mí.


Publicado por Luz_de_Vida @ 12:24  | HOLISTICA
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